
El América del ‘Pelado’ Díaz está tramado de una disimulada ironía. La pirotécnica reingeniería sólo alcanza para ganar con angustia y sobrellevar a dos jugadores que siguen cargados de orgullo y amor por el juego. Hay un par de asuntos que exigen un tratamiento sutil en las Águilas, Guillermo Ochoa y Salvador Cabañas, por ellos, el América volvió a ganar ayer, a un Campeón que intentó hasta el final defender su corona ya abollada.
Y aunque el marcador por momentos parecía goleada, lo cierto es que mucho se debió a que Ochoa maquilló la fragilidad de su defensa, la línea más frágil del equipo, que exige más trabajo en la semana.
Apenas al arranque del partido, Santos que arrancó más propositivo, comenzó a tener y tocar el balón estuvo a punto de abrir el marcador en un tiro libre fuera del área, a través de los botines de Juan Pablo Rodríguez, pero Guillermo Ochoa se lanzó y desvió la pelota antes de que se incrustara en el ángulo superior izquierdo.
El acoso santista siguió en la zona del conjunto local, pero gracias a un error de Castillo quien perdió el balón en tres cuartos de cancha, América pudo abrir el marcador.
Federico Insúa encendió la mecha del polvorín en el Estadio Azteca y se hizo la luz entre el americanismo. El argentino tuvo un regreso espectacular, no perdonó en la primera opción clara de gol que tuvo el equipo y armó la jugada del segundo tanto que culminó Salvador Cabañas.
Pese a eso, Santos no dejó de atacar, pero su ofensiva se vio chata, las ausencias de Cristian Benítez y Daniel Ludueña vaya que pesaron, porque los encargados del ataque no lograban culminar las jugadas de peligro, y la zona baja sufría en cada contragolpe azulcrema.
Fue así como llegó el tercero, en una jugada que inició Cabañas fuera del área cuando bajó un balón para Rafael Márquez, y en una triangulación con Juan Carlos Mosqueda, el paraguayo quedó de frente muy cerca de la media luna y sacó un disparo a la portería.
Asegurada la victoria, América cayó en un momento de relajación y el Campeón, cuya mejor virtud fue no darse por vencido, tuvo tiempo de poner en aprietos a las Águilas y anotarle en cinco minutos un par de goles que sirvieron para hacer más decoroso el marcador.
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