
México recibió un duro balde de agua fría tras perder 4-1 ante una Argentina que jugó relajada y sin meter el acelerado. Lección para Chucho Ramírez y una muestra para lo que le espera a Sven Goran Eriksson, que como titula hoy la portada de RÉCORD no le queda otra que ponerse a chambear muy duro, ya que tiene casi dos años para cambiar de manera radical la cara que dio México.
Eriksson tuvo anoche un provechoso aprendizaje y mucho trabajo de calidad por delante. La clara y contundente derrota de México frente a Argentina, además de ratificar su jerarquía dejó varios apuntes para el sueco de cara a la asumir la dirección del Tricolor.
México demostró la actitud y el carácter para pelearle de tú a tú a la albiceleste, pero exhibió sus carencias en la definición y marcados, errores que terminan por convertirse en goles. Un mal crónico de los nuestros desde hace años atrás.
El nivel superlativo en experiencia europea y calidad de los jugadores argentinos, Lionel Messi es punto y aparte, eclipsó la disposición y el júbilo de la Selección apenas pasados unos minutos del juego.
Alejandro Gómez escribe en su columna un llamado importante a Jesús Ramírez. Le pide que el partido de ayer le sirva como experiencia, ya que hasta cierto punto con el resultado se demostró que aún no está listo para tomar la selección. Como señala el director del periódico yo creo mucho en Chucho, pero todo debe ir por procesos y el no se los puede saltar. Además el estratega recibió una jugosa oferta para dirigir en Qatar, ojalá si la acepta no sea por capricho al no ser nombrado técnico nacional, sino para seguir creciendo.
El aún estratega de México paró un equipo para atacar y ganar sin temores, pero no contó con la ineficacia atrás y el concierto de desaciertos que arrancaron con Torrado en el primer tanto argentino –Magallón ya había salvado un gol cantado en la línea es los primeros suspiros del choque–, la debilidad para cortar los bien elaborados enlaces argentinos, en el segundo tanto de la Pulga y la atingencia de Maxi Rodríguez para capitalizar un mal rechace de Ricardo Osorio, cuando apenas se rozaba la primera media hora de juego.
México no supo acomodarse en la cancha y no encontró los hilos al frente. Incluso en los albores del segundo capítulo, Argentina pudo poner el 4-0, pero Oswaldo evitó el tanto de Maxi Rodríguez.
Los sudamericanos ya agarraron de hijo a México y Sven Goran Eriksson tiene un largo camino a futuro para frenar no decirles “papá” a un equipo que sus jugadores están ya consolidados en el primer nivel futbolístico, mientras los nuestros están alcanzando esos escalones.
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